sábado, 16 de julio de 2011

Portazos, gritos y tango.

Despertó sudada tras una larga noche de pesadillas.

Había cambiado su traga sueños de lugar, tal vez por este motivo volvió a tener malos sueños.

Lo quiso olvidar y así que cuando fue, a intentar recordar lo que le había dado un mal descanso nocturno, se puso a ensayar en su estudio a tocar el violín.

Tras poner su música en la habitación contigua a la que dormitaba su extraño hermano con el que convivía angustiosamente, era mayor que ella. Lo había despertado, y se levantó con aires malhumorados. La miró tras la puerta abierta con actitud amenazadora y desafiante. Ella bailaba.

Había dado lugar a un encontronazo visual entre ellos.

Él miró a su alrededor, visualizó un plato que contenía sandía partida.

La volvió a mirar y ella seguía danzando el tango que escuchaba para más tarde ensayar. Con su mirada le dijo, “Hija de puta esa sandía es mía” y ella le gestuó tranquila y nerviosa al mismo tiempo, “Corazón, es mía, ayer compré sandía también”...

Y con un portazo, volvió a dejar en tranquilidad por unos minutos a Ariazna.

Luego escuchaba al extraño hermano gritar, “Necesito la lavadora libre ya, hoy es Sábado. Tengo que hacer la colada, puta, ¿me oyes?”…

Y Ari, tapándose los oídos, tarareaba el tango de Piazzola.

Quiso llorar, pues ese trato de cenicienta, la tenía presa desde hacía muchos años.

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